El viejo
dictum afirmaba que los
niños venían al mundo con un pan debajo del brazo. Es al revés. Toda
criatura que abre los ojos, en cualquier sociedad del planeta, recibe
inmediatamente una dotación virtual. Lo espera, potencialmente, cierta
cantidad de capital acumulado. ¿A cuánto asciende ese capital?
Naturalmente, depende del país. El Banco Mundial se ha atrevido a
cuantificarlo. El trabajo lo ha hecho un equipo de buenos economistas.
Han examinado ciento veinte países. Lo
denominaron Where is the wealth of
Nations? (Dónde está la
riqueza de las naciones). Es una investigación que vale la pena leer.
De acuerdo con el estudio
-y
el planteamiento es muy persuasivo-
la riqueza se compone de tres elementos clave: el capital natural
(bosques, minerales, acuíferos, tierras fértiles etc.), el capital
producido (fábricas, infraestructura industrial y urbana, servicios,
máquinas, etc.) y el capital intangible (educación de las personas,
calidad de las instituciones, Estado de Derecho, transparencia,
estabilidad, creencias y actitudes, etc.). De esos tres factores, el
decisivo es el capital intangible: equivale a las cuatro quintas partes
del capital total. ¿Por qué? Porque es el que permite la conversión de
la riqueza natural en riqueza creada. De nada vale un pozo de petróleo
administrado por un grupo de gente incompetente en medio de una sociedad
caótica. Un país potencialmente rico, como Venezuela, con un enorme
capital natural, alberga, sin embargo, a una sociedad pobre, porque su
capital intangible es mínimo, y ése que tiene se reduce paulatinamente
con cada estupidez que cometen sus gobernantes.
La nación que más capital
per cápita ha acumulado en el planeta es Suiza: $648,241 dólares. La más
pobre es Etiopía, con tan sólo $1,965. A Suiza le siguen Dinamarca
($575,138), Suecia ($513,424), Estados Unidos ($512,612) y Alemania
($496,447). Nueve de las diez naciones más miserables de la tierra son
africanas.
La riqueza per cápita
acumulada en América Latina es más notable en el cono sur: Argentina
($139,932), Uruguay ($118,463), Brasil ($86,922) y Chile ($77,726). (En
Paraguay, sin embargo, se reduce a $35,600). Pero estos países
-exceptuado
Paraguay-
aunque son los más ricos de América Latina, apenas alcanzan a la mitad
de lo que vale España per
cápita: $261,205.
La franja andina es más
pobre: Venezuela $45,196 (tres veces menor que Argentina, dato que hace
inexplicable que Chávez haya comprado cinco mil millones de dólares en
bonos de deuda argentina para ayudar a su mal administrado vecino),
Colombia ($44,660), Perú ($39,046), Ecuador ($33,745) y Bolivia apenas
$18,141, el país más pobre de Sudamérica, cifra que pone en duda la
afirmación de Evo Morales de que en una década (¿o dijo dos?) su país
estaría como Suiza.
Tres países mesoamericanos
tienen un nivel de riqueza mayor que la región andina, pero menor que el
cono sur: México ($61,872), Costa Rica ($61,611) y Panamá ($57,663).
Pero los otros tres países centroamericanos son considerablemente
pobres: Guatemala ($30,480), Nicaragua ($13,214) y Honduras ($11,567).
En el Caribe, la República Dominicana ($33,410), aunque es una nación
con poco capital acumulado per cápita, cuadruplica la riqueza de Haití
($8,235), el país fallido
de América Latina, relación que garantiza el constante flujo migratorio
ilegal desde el rincón más desdichado de la Isla hacia el más boyante.
En general, cuando se
compara el destino económico de los territorios colonizados por los
ingleses
-olvidándonos
de Estados Unidos y Canadá-,
con lo acaecido en los de tradición hispana, los resultados económicos
británicos son algo mejores. Barbados, con $146,737 de capital acumulado
per cápita, supera a la Argentina, la nación más desarrollada de
Hispanoamérica, mientras casi todas las islas de cultura inglesa son más
ricas que las Antillas de habla española independientes (Cuba y
República Dominicana, dado que Puerto Rico está asociado a Estados
Unidos). Aunque Cuba no aparece en el estudio, debido a la poca
fiabilidad de sus datos estadísticos y el paranoico secretismo de su
gobierno, se considera que su capital acumulado hoy debe ser menor que
el de República Dominicana y Jamaica ($47,796).
Del estudio del Banco
Mundial se derivan, además, algunas lecciones valiosas: el papel del
ahorro, de la inversión en educación, la importancia de insertarse en
los grandes circuitos comerciales y financieros, y la necesidad
insoslayable de fortalecer las instituciones y los derechos de propiedad
si queremos avanzar en la dirección del progreso. Nada de lo que dice
puede sorprendernos, salvo la manera elegante y bien razonada con que
documenta los argumentos y confirma las intuiciones de algunos gigantes
como Adam Smith. En 1776 este brillante escocés, observador y moralista,
escribió su memorable Indagación
sobre la riqueza de las naciones. El Banco Mundial,
finalmente, le ha puesto números.