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La
columna semanal de
Carlos Alberto Montaner |
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“Se
estima que su columna sindicada es leída por seis millones de
personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España
y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más
respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.
“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers.
His opinions make politician in Spain and Latin America tremble …
He will maintain his position as one of the region’s most
respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003. |


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Decálogo del
buen gobierno globalizado
Carlos Alberto Montaner
En las naciones exitosas las relaciones de poder entre la sociedad y el
Estado están montadas sobre la base de que los individuos y las empresas
sostienen al gobierno y a las instituciones con los excedentes de su
trabajo. En cualquiera de las variantes del populismo, son los individuos y
las empresas los que viven de la merced o la complicidad de los funcionarios
que administran caprichosamente el Estado. Esto último es una devastadora
perversidad.
Enumeremos diez de los rasgos básicos que deben caracterizar a una
sociedad moderna, globalizada, enrumbada hacia la modernidad y el progreso:
-
De la misma manera que sabemos que los
mercados son imperfectos e impredecibles porque la información está
dispersa y atomizada entre millones de agentes económicos, también se
conoce que los gobiernos poseen esa misma limitación, a la que se
agregan la torpeza habitual de la burocracia pública y el permanente
riesgo del clientelismo y la corrupción. Entregarle la dirección
económica de un país a la burocracia estatal suele ser el camino más
corto al desastre.
-
Para formar parte del mundo desarrollado es
esencial poseer una moneda estable que conserve su valor y sirva para
mantener el ahorro. Ello exige unas finanzas públicas bien manejadas y
unos razonables equilibrios macroeconómicos.
-
Estos objetivos suelen lograrse mejor si la
banca central u organismo emisor no está sujeto a los caprichos del
gobierno y se dirige con criterios técnicos. Asimismo, para proteger el
valor de la moneda suele ser conveniente colocarles límites
constitucionales a las facultades del gobierno para gastar o para
endeudarse.
-
El inglés es la lengua internacional, la de
la globalización, y la computación suele ser el vehículo más utilizado.
Toda sociedad responsable debe hacer un gran esfuerzo para que la mayor
parte de las personas puedan comunicarse fluidamente en inglés y dominar
el uso de las computadoras.
-
Como principio, casi toda medida o
institución que estimule la transferencia de tecnología y de
conocimientos o los intercambios comerciales es conveniente, mientras
todo lo que obstruya estas transacciones --censuras, aranceles,
regulaciones excesivas, trámites costosos-- es dañino.
-
También como principio, el funcionamiento del
Estado y del sector privado debe estar sometido a la total transparencia
administrativa. Una sociedad fundada en la competencia y en la
observancia de las leyes tiene que colocarse permanentemente al alcance
de auditorías de todo tipo para que no decaiga la confianza de los
ciudadanos en el sistema.
-
Entre los peores enemigos de la prosperidad
están la discrecionalidad de los funcionarios públicos --esas facultades
que les permiten proteger a sus amigos y perjudicar a sus adversarios--
y el otorgamiento de privilegios especiales a los grupos de poder, ya
sean los empresarios que explotan monopolios, sindicatos que se hacen
asignar rentas injustas, o corporaciones que les cierran la puerta de la
competencia a otros agentes económicos y sociales.
-
Son muy nocivas las obligaciones económicas
públicas que se convierten en supuestas ''conquistas permanentes'',
ignorando la propia naturaleza dinámica de las sociedades capitalistas,
con sus ciclos de expansión y sus ciclos recesivos. La función principal
del Estado no es ejercer la caridad con los más necesitados, sino
contribuir a crear las condiciones para que las personas puedan
prosperar por sus propios medios. Un Estado que se ve obligado a
suscribir un gran volumen de gasto social es un Estado fallido.
-
Invitar al capital extranjero y abandonar el
nacionalismo económico o las fantasías autárquicas es fundamental. El
discurso de la soberanía alimenticia, energética o industrial es un
disparate total. Con las inversiones de capital y la instalación de
empresas exitosas internacionales llegan el know-how, la
competencia y una manera más eficiente de hacer las cosas.
-
Si las inversiones de capital extranjero son
vitales, debe ser igualmente bienvenida la inversión de capital humano.
Los inmigrantes son una fuente extraordinaria de riqueza potencial,
aunque se trate de campesinos poco educados. Recientemente se valoró el
costo en Estados Unidos de criar a una persona desde que nace hasta que
alcanza los 18 años: algo más de doscientos mil dólares. Ese, por lo
menos, es el capital que trae bajo el brazo un joven agricultor mexicano
cuando cruza la frontera. Si se trata de una persona con educación
media, su aporte es mayor. Si es un profesional, su contribución se
multiplica. En lugar de someterse a la presión de los grupos
corporativistas, los gobiernos deben procurar atraer la buena
inmigración. Es siempre un excelente negocio.
Abril 6, 2008
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