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La columna semanal de
Carlos Alberto Montaner

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“Se estima que su columna sindicada es leída por seis millones de personas. Sus opiniones hacen que tiemblen políticos en España y América Latina ... Mantendrá su posición como uno de los más respetados periodistas de la región”.
‘The Powerful 100’, Poder, marzo de 2003.

“His syndicated column is read by an estimated 6 million readers. His opinions make politician in Spain and Latin America tremble … He will maintain his position as one of the region’s most respected journalist”.
‘The Powerful 100’, Poder, March 2003.


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Obama y el voto étnico

Carlos Alberto Montaner

Por qué votan los electores? ¿Qué los motiva? La etnia a la que se pertenece, y a la que pertenecen los candidatos, sin duda, es un factor. El elector generalmente busca a uno de los suyos, o, por lo menos, del vecindario. Parece que el 95% de los electores afroamericanos votará por Obama. Es natural. Es la primera vez que un candidato negro tiene posibilidades de ser presidente de Estados Unidos. En los comicios locales de la Florida ocurre lo mismo. El votante cubanoamericano suele respaldar a los candidatos de esta procedencia, los anglos apoyan a quienes se les parecen a ellos y tienen nombres anglosajones (no siempre: hubo un gobernador anglo apellidado Martínez) y los afroamericanos prefieren a su gente.

No obstante, según las encuestas, el candidato Obama tiene el respaldo de un sector muy importante de votantes blancos. ¿Quiénes son esas personas? En general, electores de grandes centros urbanos, varones, más educados y prósperos que la media, demócratas e independientes que se autodenominan ''liberales'' en el distorsionado sentido que esta palabra, de origen español, ha adquirido en inglés. Para ellos, las diferencias étnicas pesan menos que la imagen positiva que perciben de Obama: un hombre joven, culto, dotado de una personalidad magnética, notable orador, empeñado en cambiar al país, aunque todavía no ha aclarado cómo ni en qué dirección. Creo, además, que votar por una persona de otra etnia les proporciona a los liberales la gratificación emocional de demostrar que son personas libres de prejuicios. (Es un mecanismo conocido: a las personas muy religiosas les conforta votar por los candidatos justos y severos. El voto es también una fuente de placer psicológico.)

El caso de los hispanos es muy interesante. Como suele ocurrir, los afroamericanos y los hispanos son dos minorías no muy bien integradas. Viven en barrios separados, y no es estrictamente una cuestión racial: los afrocubanos o los afrodominicanos prefieren residir entre hispanos que entre afroamericanos. La etnia y la cultura importan más que la cantidad de melanina que tiñe la piel. Entre ambos grupos fluyen prejuicios y estereotipos. Las pandillas juveniles hispanas y afroamericanas se enfrentan en las calles de las grandes ciudades y luego continúan sus cruentas batallas en las cárceles. Cuando los hispanos tuvieron que elegir entre Obama y Hillary, prefirieron a Hillary. Pero entonces la elección era dentro del Partido Demócrata, al que pertenecen dos de cada tres hispanos. Por ahora nadie sabe con precisión qué sucederá cuando la alternativa sea entre un republicano blanco y un demócrata negro. ¿Prevalecerán los resabios étnicos o la filiación partidista?

Los judíos se enfrentan a un dilema parecido. La mayoría responde al perfil sociológico obamista (blancos, educados, radicados en ciudades grandes, más prósperos que la media, liberales y demócratas), pero las relaciones entre los afroamericanos y los judíos no son las mejores. Los líderes radicales negros vinculados al islamismo, como Louis Farrakhan, se han dedicado a envenenarlas. Ya casi nadie recuerda a Sammy Davis, aquel talentoso cantante y showman negro que se hizo judío sin dejar de burlarse de unos y otros. ''Desde que me hice judío --decía Davis-- cada vez que paso frente a una joyería no sé si asaltarla o comprarme un diamante''. Cuando Barry Goldwater era el candidato republicano en las elecciones de 1964, un conservador sureño de Arizona, Dean Martin, solía consolar a su amigo Davis (muy demócrata) con una frase malvada: ''No sé por qué Sammy está preocupado. Ya le he dicho que si gana Goldwater yo lo compro''. Eran otros tiempos, menos preocupados por la corrección política. ¿Qué emoción va a prevalecer entre los electores judíos? ¿La secreta hostilidad étnica o la afinidad ideológica liberal? Todavía es muy pronto para saberlo.

En todo caso, me parece que Obama, no obstante ser hoy el candidato favorito, puede acabar perdiendo frente a McCain, pese a la edad del senador republicano, la impopularidad de su presidente, los problemas económicos que experimenta el país y el rechazo a la guerra de Irak. Y si Obama pierde será víctima, precisamente, de estos incómodos pero reales factores étnicos. Es a esto a lo que se refería Hillary Clinton cuando advertía sobre la probable no elegibilidad del senador Obama. Como McCain es un republicano moderado, no irrita a casi ningún blanco demócrata, republicano o independiente que sienta algún reparo en votar por un afroamericano. Triste e inevitablemente, la elección americana será (ya va siendo), en gran medida, una contienda racial. Y ahí McCain lleva las de ganar.

Mayo 25, 2008

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