El Padre de la Patria
Gina Montaner
Le viene como anillo al dedo. El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, ha
conseguido ser, en el sentido más literal del término, el padre de la
patria. Y no lo ha logrado por medio de una gesta heroica como liderar una
gloriosa batalla. Aunque, bien pensado, impregnar a medio país con su semen
no deja de ser una hazaña digna del Libro de Récords Guinness.
Que un político tenga innumerables amoríos y proles por doquier no es nada
nuevo y forma parte del código machista de Latinoamérica. Ahora bien, el
señor Lugo ha introducido elementos inquietantes a esta arraigada tradición
entre los machos de la región. Resulta ser que durante muchos años fue
obispo y al parecer desde muy pronto comenzó a confundir la prédica de la
palabra de Dios con la diseminación de su semilla. O sea, se trata de una
interpretación muy libre de los preceptos del Vaticano, quien sabe si tomada
de la teología de la liberación, que siempre ha sido una doctrina muy
revoltosa.
Por lo pronto, la semana pasada Fernando Lugo se vio obligado a cancelar un
viaje a Washington porque no era lo más apropiado presentarse en la Casa
Blanca cuando en su país las mujeres hacen cola para apuntarle la paternidad
del hijo de turno. Ya van por tres demandas y se ha tenido que crear una
comisión gestora, ya que se habla de otros tres retoños que, de ser probado
el vínculo, acabarían por llevar el apellido del ex obispo. En realidad la
noticia más jugosa de la V Cumbre de las Américas fue el culebrón que el
mandatario paraguayo había dejado en marcha en casa, pero los demás se
encargaron de opacar el escándalo mareando al pobre Obama con las falsas
buenas intenciones de los hermanos Castro. El happening de Trinidad y
Tobago fue un respiro para Lugo, a salvo de un ejército de mujeres que ahora
dicen haber retozado en algún momento bajo el peso de la sotana del señor
obispo.
Una de las mamás agraviadas asegura que comenzó a acostarse con Lugo cuando
sólo tenía dieciséis años. En aquel entonces el seductor presidente
pertenecía al prelado, pero eso no le impidió tener relaciones sexuales con
una menor. Sus ministros lo defienden porque, según ellos, Lugo tiene
derecho a hacer lo que le plazca en su vida privada. Pero, ¿acaso no les
preocupan los indicios de presunto abuso de menores, valiéndose de la
autoridad que le confería ser nada menos que un representante de la Iglesia
apostólica y romana?
En el primer mundo ya habría avanzado una exhaustiva investigación que
podría llevar al presidente a la cárcel si se probaran tan graves cargos.
Pero me temo que Paraguay pertenece a ese otro mundo en el que la pedofilia
que practican los machos es aplaudida o, como mucho, se convierte en objeto
de chistes y chanza general. No en balde Fernando Lugo ha sido proclamado
''el semental de Paraguay'' y un grupo musical está triunfando con una
canción cuyo estribillo es: ``Lugaucho tiene la razón, pero no usó el
condón''.
No me extrañaría que el episodio de Lugo y su harén se quedara en una mera
canción de verano, pegadiza pero efímera. A fin de cuentas, en un país
vecino, Nicaragua, nada ocurrió cuando Zoilamérica, la hijastra de Daniel
Ortega, reveló hace años que el actual presidente nicaragüense abusaba
sexualmente de ella cuando era una menor. La clase política y el poder
judicial fueron cómplices en un caso de obstrucción de la justicia, y la
hija de Rosario Murillo nunca pudo acudir a un tribunal para dirimir su
caso. Tanto la callaron, que hoy Zoilamérica ni siquiera defiende
públicamente los derechos de cientos de mujeres latinoamericanas que, como
ella en su día, son víctimas de abusos sexuales en el seno de la familia, en
el ámbito laboral e incluso en los círculos de una institución sagrada como
la Iglesia. Un mal endémico que desde siempre ha azotado a nuestras
sociedades y que, por ahora, cuenta con la connivencia de gran parte del
colectivo.
Para comprender el estado de putrefacción general basta con señalar las
recientes palabras del obispo mexicano Leopoldo González, quien ha declarado
que los casos de presunta pederastia humanizan a los clérigos y por tanto
aumentan el aprecio de los fieles por la Iglesia católica. ¿Será que él
también aspira a ser el padre de la patria?
Terrorífico panorama.
Abril
27, 2009
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