El escritor, el cojo y el loco
Gina Montaner
Habemus nueva novela de Jaime Bayly,
y, como cabía esperar del famoso escritor peruano, no dejará indiferente a
nadie. Bayly, cuyo inmenso talento para la prosa punzante lo ha convertido
en uno de los máximos exponentes de la literatura iberoamericana
contemporánea, se aparta del género del roman a` clef con su
nuevo libro, El cojo y el loco. Esta premisa sorprenderá a muchos de
sus seguidores, acostumbrados a las vivencias noveladas del más terrible de
les enfants terribles del panorama literario peruano.
Bayly de nuevo retorna a Lima, tal vez porque su ánimo suicida lo condena a
regresar una y otra vez al lugar donde, como la Lisbeth Salander de Stieg
Larsson, ``ocurrió todo lo malo'' que ha forjado su carrera literaria. Pero el
lector con afán de ir en busca de pistas autobiográficas que desentrañen el
código de Bayly sólo se tropezará, para seguir parafraseando al afortunado en
ventas Dan Brown, con símbolos perdidos. Ni rastro, al menos en la superficie,
del ánimo proustiano pero con muchachos en flor de su obra anterior: la vida
misma del autor transformada en reality show de qualité. El zoo de
cristal 24 horas al día. Un 7-Eleven del alma a la vista de todos. Jaime Bayly
parece querer descansar de sí mismo.
La contraportada del libro resume la trama: ``Este es el relato brutal y
vertiginoso de las vidas de dos jóvenes de la clase alta limeña, el cojo y el
loco, víctimas de la crueldad y las vejaciones de sus padres...'' En efecto.
En el transcurso de la narración, las existencias paralelas del cojo Bobby y
el loco Pancho convergen en la crueldad, el desgarro y la repulsión. Desde
niños son víctimas a consecuencia de unas taras por las que son objeto de
burlas, pero muy pronto ambos se vengan convirtiéndose en victimarios de los
otros. Uno por lisiado y el otro por bruto y tartamudo. Bobby y Pancho no
llegan a encontrarse, pero recorren sus destinos por sendas tortuosas que
acaban en un callejón sin salida.
Y es que este Jaime Bayly temporalmente alejado de sus circunstancias
incursiona en el estilo y la estética literaria del tremendismo de los años
cuarenta en la posguerra española. Es inevitable evocar el feísmo de Pascual
Duarte, una de las novelas cumbre de Camilo José Cela, al leer las aventuras y
desventuras del cojo Bobby y el loco Pancho. Todo es negro, y los hedores de
la inmundicia trepan sabiamente en la tramoya de una narración prolija en
adjetivos y descripciones no aptos para mentes sensibles en busca de un
rellano sentimental. Bobby y Pancho, ambos provistos de miembros viriles cuya
puntería y tamaño compensan con creces sus otras limitaciones, irrumpen en el
mundo que los ha marginado para hacerlo volar en pedazos, y en el camino
trituran todo lo que respira y palpita.
Dentro de la óptica de la exageración propia del tremendismo, Bayly
presenta las situaciones como escenas magnificadas por la alucinación. Y en
este delirium tremens del machismo hiperbólico desfilan las pistolas,
las carreras de coches, los puñetazos, las violaciones, los duelos. Porque en
un mundo donde ganan los más fuertes, los más apuestos, los más machos y los
más ricos, ¿qué otra cosa pueden hacer un cojo despechado y un loco lujurioso
sino parapetarse en la maldad infinita para defenderse del estigma de sus
deformidades?
Esta novela es tremendista o, si se quiere, tremenda. Pero en el ojo de su
viento huracanado también descansa el humor corrosivo que siempre ha
acompañado a este escritor maldito que hasta de su sombra se ríe. Porque si
bien es verdad que el cojo Bobby y el loco Pancho son los primos americanos de
Pascual Duarte, en lo referente a la vena satírica también están emparentados
con la picaresca del barroco español. Hay mucho de Quevedo en el rizo que
encrespa Jaime Bayly.
Absténganse de leer El cojo y el loco quienes busquen en su lectura
una evasión light o una nueva confesión íntima del autor, porque se
darán de bruces con un relato escarpado y de alto voltaje escrito por un
maestro que en el arte de su revirada mirada coincide con el cojo Bobby y el
loco Pancho.
Octubre 12
, 2009
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